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El arreglo

Por: Germán Patiño
© EL PAIS - Cali
Noviembre 17 de 2008

Aunque no satisfaga completamente las expectativas, el arreglo entre corteros de caña e ingenios ha sido bien recibido por las partes y por la opinión pública.
En realidad se esperaba. Y tal vez demoró más de lo necesario. Pero no por culpa de los trabajadores sino por posturas engañosas de sectores políticos, interesados en utilizar el conflicto para ‘saldar cuentas’ o lesionar prestigios. En eso se destacó el Ministro de la Protección Social, quien hizo todos los esfuerzos posibles para vincular la huelga de los corteros a un complot terrorista y, cada vez que pudo, aprovechó el malestar para culpar de las dificultades al senador Alexánder López y al Polo Democrático. Tan evidente y entorpecedora fue su labor que la senadora Nancy Patricia Gutiérrez   tuvo que increparlo en la plenaria de esa corporación, pidiéndole que dejara de aprovechar el paro para trenzarse en una disputa política con la bancada de la oposición.
También resultó inútil y dilatadora la controversia montada alrededor de la participación de asesores o ‘intermediarios’, como algunos los llamaron eufemísticamente, en los procesos de negociación. ¡Como si los trabajadores no tuvieran el derecho de tener asesores para estos y otros asuntos! Además como si la figura de los asesores no fuera una invención de los empresarios que, en el caso del sector azucarero, comienza con la creación de Asocaña. ¿O será que su Presidente no funge de asesor de los ingenios azucareros?

De hecho, los acuerdos se lograron gracias a la participación de los asesores de los corteros. Tan cierto es que hasta el ministro Diego Palacios, tan poco dispuesto a reconocerles cualquier cosa a los trabajadores, aceptó públicamente el papel decisivo que jugó Adolfo Tigreros, asesor de los trabajadores en el norte del Cauca. Y pese a ello todavía hay voces que sostienen que los acuerdos se lograron porque no hubo intermediarios. ¡Qué absurdo!

Ahora bien, la realidad es que las razones que dieron vida al conflicto continúan vigentes. Aún predominan la cooperativas de trabajo asociado en la ‘tercerización’ de las relaciones laborales (curioso, aquí si no les parece inconveniente la intermediación), con lo que los corteros de caña pierden derechos fundamentales. No tienen derecho a presentar pliegos petitorios, ni a firmar convenciones colectivas, puesto que no poseen ningún vínculo laboral con las empresas azucareras y, por lo tanto, tampoco gozan del derecho a la huelga. En otras palabras, son trabajadores sin derechos sindicales, realidad que repugna, o debiera repugnar, a cualquier conciencia democrática.

Y el problema es mayor, porque esta realidad se ha multiplicado en Colombia a diversos sectores. De hecho, la amenaza de conflicto en los puertos colombianos
también está íntimamente relacionada con la tercerización de las relaciones laborales. Este es un asunto mayor que el país deberá abordar si quiere normalizar las relaciones vigentes en el mundo del trabajo, en el que cada vez hay más gente que gana menos y no tiene cómo reclamar. Para decirlo en términos conocidos, si bien el arreglo entre corteros e ingenios ha sido conveniente y beneficia a las partes, el chico de fondo ha quedado aplazado y en algún momento volverá a jugarse. Incluso con la participación de muchos más afectados.


Estancada la negociación en María Luisa




Directivas y corteros del Ingenio Maria Luisa, la única factoría azucarera que sigue bloqueada desde el pasado 15 de septiembre, no han llegado a ningún acuerdo para darle fin al conflicto.

Según Daniel Aguirre, secretario general del Sindicato Nacional de Corteros, los empresarios no han mostrado buena disposición, pues aseguran que no permitirán ninguna clase de intermediación y sólo después de 24 horas de que los corteros levanten el bloqueo, se sentarán a negociar. Esa condición, recordó, fue puesta desde el principio del paro por todos los empresarios, pero fue obviada en todos los ingenios, lo que permitió llegar a un acuerdo.

Aguirre aseguró que los corteros han modificado sus peticiones para que el ingenio acceda al diálogo. El pliego ya no incluye la contratación directa y estipula que se desbloquearían las puertas del ingenio si la empresa se compromete a mejorar las condiciones de los trabajadores en el pago por tonelada de caña cortada y asegura que no se tomarán represalias en contra de los corteros vinculados al paro.

El País intentó conocer la posición de los directivas del Ingenio, pero ninguno de ellos accedió a hablar. Ayer, la CUT hizo un llamado a la Iglesia y la Gobernación del Valle para que medien.

Acercamientos en paro de corteros

Colprensa - La República, octubre 6 de 2008

 

Cali.  Un primer encuentro, que podría allanar el camino hacia una solución del conflicto laboral que los enfrenta desde hace 20 días, tuvieron el pasado viernes los corteros de caña y los industriales.

 

Dos representantes del Ingenio del Cauca se reunieron con siete integrantes de la comisión negociadora de los corteros de caña, que incluye a la Central Unitaria de Trabajadores (CUT).

 

De acuerdo con el secretario general del Sindicato de Corteros de Caña (Sinalcorteros), Daniel Aguirre, “los voceros de Incauca argumentaron que es imposible una negociación conjunta entre la industria azucarera y los corteros, dado que cada ingenio es competencia directa del otro en el mercado internacional”.

 

Debido a esta posición, la comisión negociadora de los corteros está estudiando la posibilidad de aceptar las mesas de diálogo individuales por ingenio, como lo propusieron los mismos industriales, el Presidente de la República y la Gobernación del Valle.

 

“No es una decisión tomada. Estamos estudiando los pro y los contra de ceder en este punto inicial. Lo que sí queda en firme es el pliego de peticiones, el cual resume los problemas comunes de todo el gremio de corteros”, indicó Aguirre.

 

Por su parte, el Ingenio del Cauca confirmó a través de un comunicado la reunión de dos de sus representantes con los líderes del bloqueo y ratificó que la empresa continúa dispuesta al diálogo con los gerentes y asociados que representen a las diferentes cooperativas de trabajo asociado, pero que esta negociación se dará una vez se levante el bloqueo a la compañía y se permita el ingreso del personal.

 

Los corteros aseguran que los ingenios tienen retenidos los sueldos de la quincena trabajada entre el 1 y el 14 de septiembre.

 

De acuerdo con Aguirre, se están estableciendo contactos con las directivas de los ingenios Central Castilla, Mayagüez, Providencia, María Luisa y Pichichí, con el objetivo de negociar el pliego de peticiones. Estos encuentros se harían efectivos este fin de semana y a comienzo de la semana siguiente.

 

Al respecto, el presidente del ingenio Central Castilla, Bernardo Quintero, dijo que “existe disposición de diálogo, pero no se permitirá que personas externas a la compañía sean los representantes de los corteros”. Según el directivo, la situación del bloqueo a la industria azucarera sigue igual que hace 20 días.

 

Corteros plantean fórmula de diálogo
Octubre 02 de 2008

 


Nueva marcha. El sindicato de corteros de caña, en conjunto con las organizaciones afiliadas a la CUT, realizó ayer una nueva marcha para pedir negociación con los ingenios.
Álvaro Pío Fernández / El País
Organizadores del paro proponen negociar pliego en dos bloques. Se estiman pérdidas del sector azucarero cercanas a $425.000 millones.
Colprensa y Redacción

Los corteros de caña que se encuentran en paro desde hace 17 días presentaron ayer una propuesta que busca, según ellos, dar inicio a los diálogos entre los huelguistas y la industria azucarera.
La fórmula consiste en instalar una mesa de negociaciones global que asuma el debate de dos grandes temas. Un primer bloque negociador trataría los temas de contratación directa, estabilidad laboral e indemnizaciones, mecanización y la no penalización de los líderes de la protesta.

En un segundo bloque se hablaría sobre las diferencias que tienen estos trabajadores rurales en el pago de indemnizaciones, pesaje de la caña, dotación, transporte, incapacidades, enfermedades laborales, pensiones, permisos y garantías sindicales, sustitución patronal y salarios.

Igualmente, los corteros proponen que en este segundo bloque se discuta sobre beneficios sociales como el fondo de vivienda, becas y capacitación, lentes y fondos de inversión social.

Para dar inicio a las conversaciones con los industrialeas azucareros, los corteros solicitaron la mediación del Gobierno Nacional y de Asocaña.
“Una vez instalada la negociación general del pliego de peticiones, se podrán instalar mesas por cada ingenio, para solucionar las problemáticas específicas de cada uno y las cuales se reunirían en el mismo sitio y con los mismos horarios de la mesa general”, explicó Daniel Aguirre, secretario del Sindicato Nacional de Corteros, Sinalcorteros.

José Valencia, líder del paro, dijo que “una vez se inicien las discusiones del primer bloque se facilitará la salida de azúcar de los ingenios Pichichí, Central Tumaco, Central Castilla y María Luisa”.

Según los huelguistas, una vez se avance hacia las conversaciones del segundo bloque, se permitiría la salida de los 15 millones de litros de etanol que se encuentran en inventarios dentro de las destilerías de los ingenios Manuelita, Providencia, Incauca y Mayagüez.

A la espera
Ayer, Asocaña declinó pronunciarse sobre la propuesta de los corteros, argumentando que cada ingenio tiene condiciones diferentes y por ello las negociaciones deben ser individuales.

Entre tanto, el sector azucarero ha registrado pérdidas superiores a $425.000 millones, en los 17 días del bloqueo a los ingenios.
Estas pérdidas se reflejan en la imposibilidad de vender azúcar y etanol. Según cálculos de la industria, por día se pierden $5.000 millones porque se dejan de moler en promedio 50.000 toneladas de caña, con las cuales se producen 4.560 toneladas de azúcar y 950.000 litros de etanol.

Hoy, el 70% de la producción de la industria azucarera está paralizada, pues los ingenios que están operando muelen 23.000 toneladas de caña, de las 75.000 que se procesan cada día en el Departamento en tiempos normales.

Pero los únicos afectados por el cese de actividades de los corteros no son los industriales, los cultivadores de la caña también sienten el problema.

Igualmente ha resultado afectados los transportadores, proveedores de insumos para campo y fábrica y diferentes contratistas del sector.
A pesar del paro, el suministro de azúcar no se afectará, ya que los ingenios decidieron importar 42.000 toneladas de este producto de Bolivia.

En sus propias palabras
"Somos enfáticos en que continuaremos con el cese de las actividades hasta que se instale la mesa global y se inicie la discusión del pliego de peticiones presentado”. Daniel Aguirre, secretario general del Sindicato Nacional de Corteros.

Dato clave

En el Valle del Cauca, el 75% de la caña de azúcar la proveen agricultores, que han dejado de facturar 25.000 toneladas de caña por día.

 


Foto El País-Colprensa

Etanol y neoesclavitud

 

La huelga de los 17.000 corteros de caña está mostrando las paradojas de un modelo económico que en pleno siglo XXI combina un hiperproteccionismo de Estado para los oligopolios con formas precapitalistas de trabajo precario.

 

El subsidio anual que entregamos los colombianos a los productores de etanol supera  los 150 millones de dólares. Es un negocio amarrado por el lado de las ventas, pues por leyes y decretos se obliga a la mezcla mínima del 10% de alcohol carburante en la gasolina que debemos consumir. Así que no tienen que salir a un mercado libre a competir sino a uno cautivo y sin riesgos.

 

Por el lado de los costos y la rentabilidad, también es un negocio estado-adicto: tienen las ventajas de una zona franca, no pagan IVA, tienen rebaja en el impuesto a la renta y otras exenciones; tampoco entran en la estructura de precio la sobretasa a la gasolina o el impuesto global. Con todas esas gabelas, a la hora de cobrar nivelan el precio del galón de etanol con el de la gasolina. Gracias a esas ventajas obtienen o proyectan una ganancia extraordinaria, que no es más que un traslado de recursos de la población a 13 empresas, entre las cuales 3 se apropian del 65  por ciento de los beneficios.

 

Por el otro lado están los trabajadores y, entre ellos, los corteros, que llevan la peor parte. Reciben menos de un salario mínimo mensual -después de descuentos de la cooperativa- y viven endeudados con la "tienda" y los prestamistas al centavo, que les completan lo del mes y los ahorcan el día de pago. Realmente trabajan al destajo y los dueños de la báscula les manipulan el pago; la jornada de trabajo (más de 9 horas/día promedio)  sobrepasa las 55 horas semanales  y no tienen verdadera protección ante los riesgos laborales. Toda esa situación es administrada por la amenaza de la mecanización, que golpea en los asentamientos donde viven arrinconados con sus familias en situación de extrema pobreza.

 

Todo lo que piden los corteros es una relación de trabajo digno, y hasta la fecha el Gobierno y los empresarios les responden con acusaciones antiterroristas, sofismas sobre el impacto del paro en los precios de la gasolina o llamados a la "armonía laboral" bajo las mismas condiciones.

 
Las soluciones están a la vista, pero necesitarán un enfoque distinto a este de capitalismo parásito. Y abrirle campo a la formalización laboral, que es incompatible con la precarización impuesta por el sistema de cooperativas de trabajo asociado.

El modelo de la Casa Arana, que mostró José Eustasio Rivera en su novela decimonónica, no debería ser el espejo de la agroindustria de estos tiempos.

Camilo González Posso

 

Al margen. Por: Germán Patiño.
¿Para qué sirve Asocaña?
Septiembre 29 de 2008

 

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http://www.elpais.com.co/historico/sep292008/fotos-periodico/germanpatino.jpg

He leído con atención los textos publicados en El País y en otros medios nacionales sobre el diferendo que enfrenta a corteros de caña de azúcar y empresarios del sector. Deseo referirme, de manera especial, a la columna de Luis Fernando Londoño, cuya amistad valoro y suya sensibilidad liberal conozco.

Quisiera recordar que, de acuerdo con el Ministerio de Agricultura, en un documento titulado ‘El agro colombiano frente al TLC con Estados Unidos’, “Los productores de azúcar han recibido un precio superior por su producto al que obtendrían en un mercado libre que, a su vez, se ha transferido en cierta proporción a los consumidores”, afirmación que surge luego de estudiar los precios en el lapso comprendido entre 1995 y 2002. Y se concluye que esta protección alcanzó un nivel del 46% en promedio durante ese tiempo.

Por eso escribí que la industria azucarera ha sido subsidiada en Colombia durante varias décadas. Incluso hemos llegado a pagar el azúcar a un precio tres veces superior al vigente en el mercado internacional, en determinadas ocasiones. Lo que no está mal, pues los países tienen el derecho de proteger sus industrias nacionales cuando ellas se ven amenazadas por la competencia desleal en los mercados externos. Pero ello entraña una necesaria compensación de estas industrias a la sociedad que tan solidariamente las acoge.

Lo que no está sucediendo en el caso del sector azucarero cuando los ingenios le niegan a sus corteros el amparo del derecho laboral. Y esto es lo que tiene que ver con el liberalismo de Londoño. No se trata de ‘politizar’ el análisis como lo ha sugerido un cordial contradictor, sino de recordar uno de los principios del pensamiento liberal clásico, hoy aceptado por liberales, conservadores y socialistas de distintas denominaciones en el mundo, exceptuando a los regímenes dictatoriales: la relaciones de trabajo están regidas por el derecho laboral, no por el civil, ni el penal, ni mucho menos el comercial.

Que es exactamente lo que molesta a los corteros de caña de azúcar. Ellos están pidiendo que se les aplique el derecho laboral, no el mercantil, por la sencilla razón de se desempeñan como trabajadores y no como mercaderes. Los corteros son quienes están defendiendo la Constitución colombiana, que define al país como “un Estado social de derecho”.

También me parece poco apegado a la Constitución que el Estado obligue a los ciudadanos a comprar una determinada mercancía, fabricada por un grupo de empresarios, el precio que ellos quieran. Es el caso del etanol, que debemos comprar a la brava y que también está subsidiado, en este caso por el fisco público, para beneficio de algunos industriales del azúcar. Y pese a este ‘torcido’ legal, estos empresarios no quieren compartir con sus proveedores de caña parte de los beneficios del negocio. Los tratan igual que a los corteros, con olímpica soberbia, como si aún viviéramos en un régimen de encomiendas.

Peor aún, la marrulla. La pretensión de adjudicar la huelga de los corteros a “fuerzas oscuras”, o la movilización de sindicatitos patronales que son la vergüenza de sus hermanos de clase -los desclasados son infames en cualquier sector social- o el deseo de negociar por separado, ingenio por ingenio con cada una de las pequeñas cooperativas, en conversaciones de ‘tigre con burro amarrao’. Entonces, ¿Para qué sirve Asocaña?

 

 



¿SINDICALISMO SIN SINDICALISTAS?
 
Jorge Enrique Robledo, Bogotá, 3 de octubre de 2008.
No existe país que se diga democrático cuya Constitución Política no establezca que los asalariados tienen derecho a organizarse en sindicatos, a la contratación colectiva y a la huelga. A organizarse y a escoger sus voceros, para relacionarse con su patrón no de manera individual sino como grupo. A la contratación colectiva, para que los contratos laborales no se negocien entre el empresario y cada trabajador, sino entre el patrón y el conjunto de los trabajadores. Y a la huelga, último recurso con el que los asalariados expresan no estar dispuestos a suscribir contratos laborales en las condiciones que intenta imponerles la contraparte.
Además de que estos derechos se encuentran en principio establecidos, hay que repetirlo, en todas las Constituciones de todos los países que se precian de democráticos en Europa, América, Asia, África y Oceanía, aparecen también en la Declaración de los Derechos Humanos. Y existe la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que hace parte de la ONU, la cual debe velar por su respeto a escala global, al igual que el de otros derechos que también reconocen garantías laborales democráticas.
Los derechos democráticos de organización sindical, contratación colectiva y huelga tienen origen en una verdad irrebatible: si el contrato laboral se pacta entre el trabajador individual y el patrón, y más ahora con unos monopolios descomunales, pues es obvio que no existe un negocio entre las partes sino una imposición unilateral del empresario, hecho más cierto en países como Colombia donde el desempleo pulula y por cada empleo hay una multitud dispuesta a trabajar hasta en las condiciones más inicuas. Nadie puede preciarse de tener una concepción democrática de las relaciones sociales si no reconoce estos derechos como pilares de cualquier forma de democracia.
Pero en Colombia menos del cinco por ciento de la población económicamente activa está afiliada a un sindicato y, de esos pocos, apenas tiene contrato colectivo de trabajo menos de la mitad, datos que prueban que los derechos democráticos de los trabajadores, en la práctica, no existen en el país.
Dos grandes razones explican por qué estos derechos terminaron convertidos en una burla. La primera, porque en la propia Constitución ya aparecen limitados o se deja abierta la posibilidad para recortarlos o eliminarlos legalmente, de manera que el principio termina perdiéndose, cosa que se empeora por la interpretación parcializada y corrupta, con el propósito de negarlos, de funcionarios supuestamente encargados de defenderlos. Y la segunda, porque van décadas de manipulaciones y mentiras en contra de los sindicatos y en especial de los sindicalistas, presentándolos como de lo peor de la sociedad y responsables de casi todos sus males, ambiente al que hay que sumarle el asesinato de millares de dirigentes, todo lo cual lleva a que en Colombia sea más fácil asociarse para delinquir que para ejercer derechos laborales. En consecuencia, no hay dirigente retardatario que no tenga un discursito a favor del sindicalismo, con el que posa de demócrata, pero al que le introduce tantos “peros” que deja en claro que está dispuesto a que existan los derechos sindicales, pero, eso sí, sin sindicalistas.
En la persecución a los trabajadores terminaron por inventarse las llamadas “cooperativas de trabajo asociado”, instrumento que se diseñó para llegar al extremo de desconocerles a los asalariados que son trabajadores de sus patronos, de manera que no puedan asociarse en un sindicato y menos aspirar a la contratación colectiva, marrullería que para mayor perfidia ocultan tras la bandera del cooperativismo.
Y cuando a diez mil corteros de la caña de azúcar –desesperados por unas condiciones laborales espantosas, que recuerdan el trabajo esclavo– les toca irse a un paro en repudio de las falsas cooperativas, poder asociarse en sindicatos y negociar contratos colectivos con sus auténticos patronos, unos empresarios que reciben enormes subsidios del Estado, salen Diego Palacio y Álvaro Uribe a faltar a la verdad y a tratarlos de delincuentes, mientras los publicistas del uribismo dicen que estamos en una “democracia profunda”.
El cuadro del maltrato laboral lo redondea el caso de la Rama Judicial, sector que debió parar para que le nivelen los salarios según lo que ordenó una ley de 1992, ¡hace 16 años!


LA SATANIZACIÓN DE LA PROTESTA DE LOS “ESCLAVOS MODERNOS”

Aurelio Suárez Montoya, La Tarde, Pereira, 30 de septiembre de 2008


No se necesitó mucho tiempo, desde cuando el Gobierno avisaba que el derecho de huelga se regiría por fallos judiciales acorde con los impenitentes requisitos que anda tramitando a ver si el partido demócrata aprueba el TLC en el Congreso estadounidense; para que dicho “avance” se convirtiera en palabrería. La conducta oficial respecto al paro de los corteros de caña de azúcar en varios ingenios del oligopolio azucarero y al paro de más de 30 mil empleados de la Rama Judicial, reitera que esa “reforma” fue un mero formalismo y que la huelga y la protesta pública y pacífica siguen como letra muerta en la práctica social en Colombia.

Desde su despegue, después de los años 50 del siglo veinte cuando la Violencia en el Valle del Cauca proletarizó a más de 500 mil personas desplazadas de 98.400 fincas, la industria azucarera se ha nutrido de mano de obra barata. Un referente reciente es de marzo de 2003, cuando los corteros de caña del Ingenio La Cabaña presentaron un pliego de peticiones que, entre otros, solicitaba que no se les rebajara el pago por tonelada cortada (entonces de $ 4.032 a $3.456); que se respetara “el peso exacto del tajo que pesa más de cuatro toneladas y media y se paga por 1.500 kilos” (es decir, que no haya “robo” en la báscula) y, según sus propias palabras, “mejores condiciones en el sistema de transporte porque se nos transporta peor que a animales”.

Cinco años después, las condiciones de cerca de 12 mil colombianos que se desempeñan en esta dificultosa labor han empeorado. Falta ver los puntos del pliego de la huelga en curso para corroborarlo. El pago pactado por tonelada cortada, en ingenios como Incauca, es de $5.682 (menos de 3 dólares), y se cortan máximo seis por día pero efectivamente sólo pagan tres, fruto de los descuentos por presencia de “materia extraña”, asumidos por el trabajador, que ipso facto queda así convertido en “socio”. El aumento real en cinco años es un miserable 11%. También se pide el pago de dominicales y festivos y, lo más importante, la contratación directa y que se desechen las Cooperativas de Trabajo Asociado, por las cuales los asalariados pierden la calidad de empleados directos y el patrón se “esfuma” en aras de burlar derechos colectivos.

La industria azucarera ha sido y está subsidiada. En primer lugar, por los consumidores colombianos que pagan la libra, destinada al mercado interno y que es la mitad de la producción nacional total, entre 40 y 50 centavos de dólar mientras que en los mercados externos con dificultad se le coloca a 13. Adicionalmente, la producción y las garantías por decreto, para la producción y venta de etanol, no sólo ha reportado subsidios estatales, entre 125 y 140 millones de dólares por año, sino que además les ha permitido utilizar más de 200.000 toneladas de azúcar que antes se destinaban a exportación a pérdida, ganan por punta y punta ¿No es justo que estas utilidades derivadas del esfuerzo de todos los colombianos se compartan con quienes no tienen más que sus manos y una “pacora” para subsistir? Por un artículo reciente del presidente de Asocaña parece que en ese sentido la “conciencia ya está tranquila”.

El más importante conglomerado de azúcar y energía, Ardila, que maneja los ingenios Cauca, Providencia y Risaralda, tuvo entre 2005 y 2007 ingresos totales por cerca de dos billones ochocientos mil millones de pesos y utilidades netas por casi 150.000 millones. ¿No tendrá nada más para la mano de obra, para 3.500 corteros, empezando por una relación laboral de patrono y trabajador? ¿Muy grave si el margen operacional de los ingenios se rebaja un punto del 7% o el 8%, en el cual se encuentra, y se le reconoce lo mínimo al factor trabajo?

Con la situación descrita, resulta un verdadero agravio al país y a su clase obrera decir que son “fuerzas oscuras”, “la Far”, las que motivan ese justo movimiento al cual el ministro de Protección Social y la industria le tiran la puerta en las narices, se niegan a sentarse a negociar en condiciones de equidad, adoptan toda suerte de argucias para desgastarlo, todo sin el más mínimo interés de resolver la contradicción. Asaltando la sindéresis nacional le atribuyen a los corteros el alza del combustible, que va para las arcas de los mayoristas y del Estado, y justifican, “pescando en río revuelto” la importación de 42.000 toneladas de azúcar.

Igual con el paro judicial. La opinión sabe que jueces y empleados de la Justicia están solicitando más personal, ante la imposibilidad de dar abasto, y una nivelación salarial pendiente desde hace 16 años. En tanto el ministro de Justicia huye del escándalo y se “atornilla”, el Presidente, como en una subasta ganadera, ofrece a la barata por los derechos irrenunciables de estos servidores públicos. ¡Qué distinto proceder al de las “lágrimas de cocodrilo” que derrama en Washington cuando va de hinojos por el TLC!

La "petrolización" de la caña

EL COLOMBIANO set 29.08

 

 

 

Hay que encontrarle una solución estructural al paro de los corteros de caña en los ingenios del Valle, de lo contrario las consecuencias serán nacionales. El negocio de la caña se reinventó hace pocos años, pero las prácticas laborales siguieron en el siglo pasado.

El aparentemente lejano paro de corteros de caña de azúcar en el Valle del Cauca tiene varias implicaciones para la economía nacional, máxime cuando de la caña ya no sólo se saca azúcar, sino también el etanol o alcohol carburante, materia prima fundamental en Colombia para oxigenar la gasolina y hacerla cada vez más limpia. No podemos olvidar que la Ley 693 de 2001 impuso que el combustible de las ciudades colombianas de más de medio millón de habitantes debía tener etanol.


 


Y efectivamente esa ley se empezó a poner en práctica hacia finales de 2005, y desde entonces las cuentas de los ingenios, otrora dedicados cien por ciento a producir azúcar, diversificaron con el etanol y sus perspectivas futuras cambiaron radicalmente. Bien se podría decir que el negocio se petrolizó justo en el momento en que el consumo de azúcares era estigmatizado por las campañas dietéticas y el culto a la nutrición light.


 


El negocio de la caña volvió a tomar los bríos de las décadas del 60 y 70, pero los usos laborales de los ingenios quedaron anclados en el pasado. El grueso de los corteros de caña no cuentan con contratos laborales estables que les brinden calidad de vida digna del siglo XXI.


 


Los casi 15 días de paro a causa de la protesta de unos dos mil, de los 14.000 corteros de caña, tiene que ver justamente con la forma de contratación que se aplica a los trabajadores. El uso y abuso, por parte de los productores, de las llamadas Cooperativas de Trabajo Asociado son el Florero de Llorente del cese de actividades y de la radicalización de las partes en conflicto.


 


Es urgente que las empresas que intervienen en el negocio les proporcionen a los corteros estabilidad laboral y mejora en los ingresos, para que definitivamente el avance del negocio de la caña se vea en todos los eslabones de la cadena productiva.


 


Bien se decía hace algunos años que la violencia colombiana no entraba a zonas de cultura cafetera o cañera porque había un vínculo cultural, social y económico entrañable que repelía a los subversivos. Y hay que tener en cuenta, hoy más que nunca, que el gran polígono cañicultor del Valle y el norte del Cauca, (Candelaria, Puerto Tejada, Villarrica, Santander de Quilichao), está muy cerca de las zonas rojas guerrilleras que se pedían para despeje: Pradera y Florida.


 


La industria azucarera siempre ha estado a la vanguardia de la agroindustria en Colombia, y este paro de corteros, seguramente le ayudará a innovar en la manera de contratación de la mano de obra. Estamos seguros que el Valle y su cultura del azúcar -ahora etanol- sabrá salir adelante en un gran negocio en donde todos se beneficien.


 


Obviamente, hay que tener los ojos bien abiertos, pues en casi todas estas protestas laborales siempre está la mano invisible del terrorismo guerrillero que hace su negocio generando más guerra y desolación.


El paro de los corteros de caña

Editorial del Espectador – Sep. 26-2008

LOS CORTEROS DE CAÑA DE AZÚCAR DEL Valle del Cauca protagonizan desde el pasado 15 de septiembre un paro en protesta por las que consideran son precarias condiciones laborales, el cual poca atención había recibido hasta cuando se afectó la producción de etanol, escaseó para la mezcla de gasolina que se comercializa en el país y provocó un aumento considerable en su precio de venta al público.

Las preocupaciones sobre la situación laboral de los corteros de caña no son en realidad un asunto nuevo. En junio de 2008, la Procuraduría General de la Nación anunció que investigaría su penosa situación laboral y tomaría cartas en el asunto. Tres años atrás, en 2005, por los mismos motivos se llegó a un primer paro que no mejoró en nada la situación. Poco ha cambiado desde entonces y el modelo de contratación, base de la disputa de ahora, sigue siendo el mismo. Aproximadamente 100 cooperativas de trabajo asociado contratan a más de 9.000 personas y liberan a los ingenios azucareros de las responsabilidades que bajo contratación directa deberían asumir.

No sin razón exigen los corteros, a través de su sindicato nacional (Sinalcorteros), contratación directa, estabilidad laboral y negociaciones colectivas. A lo cual el Ministerio de Protección Social, en un tono más bien cínico, ha respondido que, dado que los corteros, bajo este modelo de contratación, son empresarios y trabajadores al mismo tiempo, "los asociados de una cooperativa no pueden ejercer el derecho de negociación colectiva, ni votar la huelga".

Han argumentado también los industriales de la caña que la huelga es promovida por una minoría de trabajadores pertenecientes a las cooperativas, quienes están impidiendo que la mayoría —en esencia quienes sí gozan de contrataciones directas y condiciones labores aceptables— puedan ingresar a los ingenios a continuar con la producción, lo cual constituye un bloqueo inaceptable.

Las posibilidades de negociación, en esas condiciones, están cerradas. Tanto más cuanto la estrategia del Gobierno y los empresarios para la solución de la huelga parece enfocada a la utilización de la fuerza antes que al estudio de la situación laboral de los corteros, así sean solamente algunos, que tampoco pocos. Muy infortunados, en ese sentido, los señalamientos del ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, quien ha dicho que tras la huelga se esconden "fuerzas oscuras" y que la Policía y el Ejército ya están informados de la situación y es preciso "estar abiertos a cualquier mecanismo que permita volver a la normalidad". Términos muy parecidos utilizó el presidente del gremio azucarero, Asocaña, Luis Fernando Londoño, quien no ve fuerzas "oscuras" sino "extrañas" en el movimiento huelguista.

Tramitar las peticiones de Sinalcorteros bajo una mirada tan parcial, como un asunto de mero orden público o ejerciendo presión pública culpándolos del incremento en el precio de la gasolina, no parece un buen camino para avanzar hacia una solución. Tampoco, por supuesto, que la presión la ejerzan los corteros con actitudes amenazantes de machetes al aire. ¿Cómo avanzar entonces?

Nadie niega la importancia de la agroindustria del azúcar y el tremendo impacto social que genera como fuente primerísima de trabajo en el campo para miles de colombianos. El asunto es de qué manera los trabajadores están —o en el futuro podrían estar— beneficiándose del nuevo desarrollo de la industria hacia los biocombustibles, de la favorable normatividad a sus mercados con la obligación de utilizar el 10 por ciento de etanol en la gasolina y de los subsidios que entrega el Gobierno y que permiten rentabilidades que con la sola venta de azúcar difícilmente se habrían podido conseguir en el mercado externo.

Lo cual, en principio al menos, no parece un asunto "oscuro" o una "intimidación al Estado" que deba ser solucionada con la intervención de la Policía y el Ejército. Los ingenios azucareros tienen, como se ha visto en intervenciones más calmadas del presidente de Asocaña durante estos días, argumentos de sobra para exponer en una eventual negociación sobre sus prácticas laborales, bien para ceder en algo o bien para convencer en mucho, y encontrarle una solución a la huelga que ya afecta a más de 30 millones de personas por el incremento en el precio de la gasolina.

·         Elespectador.com


Sindicato de corteros de caña convoca a paro

 

Por: EL ESPECTADOR

 

El Sindicato Nacional de Corteros de Caña (Sinalcorteros) anunció que el movimiento votó por realizar un cese de actividades. “La decisión está tomada. Sólo nos resta por dar a conocer el día y la hora”, explicó el secretario de Sinalcorteros, Daniel Aguirre Piedrahíta.

 

La parálisis de actividades afectaría la producción de azúcar, sus derivados y de etanol.

 

De acuerdo con el Sindicato, unos 17 mil corteros del Valle del Cauca, Cauca y Risaralda se unirán a la huelga. “Las grandes peticiones son contratación directa de los ingenios, estabilidad laboral, porque las Cooperativas de Trabajo Asociado (CTA) no facilitan esa estabilidad y finalmente porque unos mil compañeros estamos amenazados de muerte”, agregó el dirigente.

 

 Por su parte, la Asociación de Cultivadores de Caña (Asocaña), indicó que  son “12.467 los corteros, de los cuales 9.732 prestan el servicio de corte por medio de sus cooperativas (CTA)”.

 

En una reciente  auditoría que realizó la firma Deloitte & Touche sobre esta actividad se indicó que “las CTA de corte de caña cumplen con los convenios de la OIT”.

 

 Sobre el caso, el Ministerio de Protección Social señaló que en su criterio “los asociados de una cooperativa no pueden ejercer el derecho de negociación colectiva, ni votar la huelga”.

 

Nacional| 15 Sep 2008 - 8:32 pm

 

32.000 cortadores de caña están en huelga

 

Por: EFE

 

Unos 32.000 cortadores de caña de azúcar y trabajadores de la industria iniciaron este lunes una huelga en reclamo de mejores salarios y condiciones laborales, informaron dirigentes obreros.

 

La comisión negociadora del movimiento de trabajadores de siembra, campo, cosecha y fábrica señaló que el cese de actividades se adoptó ante la negativa de la Asociación de Cultivadores de Caña de Azúcar, Asocaña, de negociar con los trabajadores un pliego de exigencias presentado el pasado 14 de julio.

 

Los cortadores de caña y trabajadores del sector exigen mejores condiciones de trabajo y señalan que no pueden seguir "esclavizados" bajo el sistema de contratistas y cooperativas que los hacen trabajar 14 horas diarias por un salario de menos de 200 dólares mensuales.

 

Asimismo, señalaron que el cese de actividades será pacifico y no buscan enfrentarse con las autoridades ni atacarán los ingenios azucareros.

 

Por su parte, el presidente de Asocaña, Luis Fernando Londoño, dijo que la contratación por medio de cooperativas se hace por los altos costos de producción y por la competencia de otros países como Brasil, que es "un monstruo como productor de azúcar y tiene mano de obra, tierra, insumos y caña más baratos que en Colombia".

 

En el sector azucarero colombiano trabajan unos 12.467 cortadores de caña, de los cuales 9.732 están vinculados a las cooperativas de trabajo asociado, además de otros trabajadores de esa agroindustria.

·         EFE | Elespectador.com



ASOCAÑA mantiene su posición, los corteros también la suya
 
Luis Fernando Londoño Capurro, Presidente de ASOCAÑA, en entrevista concedida ayer a Telepacífico, ratificó la posición que su agremiación ha sostenido desde el principio del paro, como fórmula de solución al mismo, esto es, que cada ingenio negocie por separado con los representantes legales de las cooperativas, o sea con los gerentes de éstas; propuesta que no aceptan Sinalcorteros ni Sintrainal.
 
Ambos sindicatos afirman que los gerentes de las cooperativas no son interlocutores válidos para llevar a efecto las negociaciones con los ingenios. Dicen que debe haber una negociación única del pliego de peticiones, en la que participen ASOCAÑA como gremio que aglutina a todos los ingenios, y los 14 delegados nombrados por los corteros para liderar el paro. Y recuerdan lo ocurrido en el 2005, cuando fueron los gerentes de las cooperativas las que negociaron el levantamiento del paro que los corteros realizaron aquel año, y lo que lograron fueron mínimas reivindicaciones laborales y salariales. Tanto así que sus problemas quedaron intactos, y es la razón de que ahora hayan recurrido de nuevo a un paro.
 
Situación invariable
 
Con respecto a la situación que hoy se presenta en la región, a nueve días del inicio del paro, el señor Daniel Aguirre informó que todo sigue invariable, es decir: los corteros bloqueando las vías de acceso a los siete ingenios en paro, y los efectivos de la fuerza pública en el interior de éstos controlando el orden. Pero no ha habido ninguna alteración ni se han vuelto a repetir los disturbios que se registraron el primer día, cuando hubo más de 20 lesionados en los enfrentamientos entre policías del ESMAD y los corteros en paro.
 
“Nuestro movimiento es pacífico y es la instrucción que hemos dado a todos los compañeros corteros, para que no provoquen disturbios ni se dejen provocar. La lucha nuestra es porque se nos escuche y se nos mejore nuestra situación laboral y la calidad de vida de nuestras familias, nada más”, puntualizó el señor Daniel Aguirre, dirigente de Sinalcorteros.
 
De otro lado, en los últimos días han seguido las movilizaciones y manifestaciones callejeras, unas protagonizadas por las mujeres y los niños de los corteros en varios municipios del Valle del Cauca, y otras promovidas por los ingenios y los sindicatos de base de estos, cuyos dirigentes no apoyan el paro y sí están de acuerdo con las cooperativas de trabajo asociado que rechazan los corteros. Para mañana miércoles tienen programada una manifestación en Cali.
 
Entre tanto, los ingenios Carmelita, San Carlos, Riopaila, Risaralda y La Cabaña, siguen funcionando normalmente porque los corteros que allí laboran bajo la modalidad de cooperativas, no han decidido aun integrase al paro. Entre estos cinco ingenios producen el 20% del azúcar del Valle del Cauca, y sólo uno de ellos, Risaralda, produce etanol (el 2% de la producción nacional).

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LA REBELION DE LOS CORTEROS, PRIMER CAPITULO
DE ACCION CONTRA INTERMEDIARIOS LABORALES

 
 
 
 
Por Rodrigo Jaramillo V
 
 
La tan cacareada flexibilización laboral, que ha consistido en
entregarle la contratación de trabajadores a supuestas cooperativas e
intermediarios, ha empezado a sufrir su primera prueba, con la
Rebelión de los corteros de caña del Valle del Cauca. Hoy el señor
Londoño Capurro, líder de Asocaña, la organización de los dueños de
ingenios azucareros, invocó la globalización y la supuesta
flexibilización laboral para no contratar directamente con los
corteros. Ello simplemente significa, que los ingenios han soslayado
contratar directamente con el eslabón más débil de la cadena laboral y
prefieren pagarles comisiones a intermediarios para evitar los
contratos de trabajo.
 
Siendo trabajadores permanentes, los corteros sufren privaciones en
salud, en prestaciones y en estabilidad, gracias al régimen de Uribe,
que protege todos estos esguinces al cumplimiento de la ley laboral.
La llamada flexibilidad laboral, solo se vino a aplicar en la practica
a los trabajadores ya contratados, y con un ministro como el actual,
completamente del lado de la parte patronal, la flexibilidad se
convirtió en la contratación a través de entidades que se llevan una
parte de los ingresos laborales, con tal de que la empresa no afronte
los regimenes prestacionales legales.
 
La flexibilización, como lo muestran las cifras de empleo del país no
sirvió absolutamente para nada, y, en cambio, hizo crecer a los
intermediarios laborales que se llevan la tajada mayor de los
contratos, sin riesgos. La clase terrateniente del Valle del Cauca no
ha sido la socialmente mas avanzada de Colombia y en la actual
circunstancia, cuando recibe subsidios del Estado y precios
privilegiados para el alcohol carburante, los beneficios se han
multiplicado, pero a los trabajadores les ha tocado recibir las sobras
o lo que cae de la mesa.
 
Es hora de que la oposición democrática empiece a cuestionar de fondo
este sistema de explotación de los asalariados, con el tal pretexto de
la globalización. La globalización como engendro neoliberal esta en
crisis en el mundo y con la flexibilización en Colombia solo se logró
estrechar mas aun el mercado interno, en forma tal, que ya no es capaz
de absorber la producción nacional y de generar nuevos empleos. Con
tal masa de desempleados, los empleadores volverán una vez mas a pedir
mas flexibilización. La cadena seguirá y las reacciones de la
población se volverán más explosivas.

Los corteros de caña anuncian parálisis

 
 
 
 

Martha Hoyos Franco

 - 

Medellín

 | 

Publicado el 10 de septiembre de 2008

EL COLOMBIANO

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Unos 15 mil corteros de la caña de azúcar iniciarán un cese de su actividad laboral, lo que paralizaría un estratégico sector de la economía nacional: la industria azucarera, del etanol y demás derivados de la caña.

Según reportó la Escuela Nacional Sindical (ENS), el cese se hará efectivo si el Gobierno y los empresarios no aceptan negociar con el Sindicato Nacional de Corteros de Caña (Sinalcorteros) el Pliego Único de Peticiones que presentó a Asocaña, la asociación de los empresarios que aglutina a los 13 ingenios de la industria azucarera del país.

El petitorio fue presentado el 14 de julio pasado, luego de una Audiencia Pública realizada en el municipio de Pradera, Valle, en la cual participaron y ratificaron su adhesión al movimiento más de 8.000 corteros asociados a cooperativas o vinculados mediante los llamados "contratos basura".

Según datos del 2006, la industria azucarera genera unos 35 mil empleos: un 30 por ciento por contratación directa de los ingenios, un 35 por ciento (corteros en su mayoría) a través de cooperativas de trabajo asociado, y el resto mediante otro tipo de contratos de tercería en fincas cañeras.

La ENS recordó que la inconformidad y el movimiento de protesta que ahora plantean los corteros de la caña de azúcar no son nuevos.

"Viene a ser el segundo round de un conflicto que tuvo su clímax a mediados de 2005, cuando 11.000 corteros de siete ingenios del Valle y Cauca realizaron paros escalonados que se prolongaron durante tres semanas. Dicho paro terminó con un arreglo entre las partes, el cual al parecer no representó en la práctica mejoras en las condiciones laborales de los corteros, ya que los motivos que hoy esgrimen para amenazar con irse al paro, son esencialmente los mismos que alentaron el paro de hace tres años", advirtió la Escuela Nacional Sindical.

Según datos de la Superintendencia de Sociedades, la industria del azúcar registró en el 2007 utilidades netas por más de 145 mil millones de pesos.

 

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